EL KARATE ESTÁ MURIENDO

Dice Isao Obata, Discípulo del Venerable Gichin Funakoshi, Fundador del Karate Moderno
por Richard L. Blair

El Karate ahora está muriendo. No puede durar más de unas pocas décadas más. Puede que muera antes que yo. Así que debo contar mi historia antes de que sea demasiado tarde.

El Sensei Isao Obata sostiene su cabeza con tristeza. La soledad del dojo vacío de la Universidad de Keio se cierne sobre su cuerpo fuerte y erosionado. Está sentado en el suelo de la gran sala poco iluminada, parece y se siente muy solo. Sus alumnos, algunos de los 80 a los que está enseñando en tres campuses diferentes, han abandonado por otras clases – los estrépitos, golpes y gritos de su entrenamiento silenciados un día más. Contra este escenario Obata recuerda un poco de la agonía y exultaciones de su medio siglo en el Karate.

Obata Isao

Isao Obata

Una posesión de la que se siente orgulloso es una placa que le regalaron sus alumnos: “Como su apodo, Elefante, es fuerte, grande y gentil. Le damos las gracias por las lecciones que nos ha enseñado”

Hasta muy recientemente, el cofundador y antiguo presidente de la Asociación Japonesa de Karate ha estado obstinadamente en silencio acerca de sus pensamientos y experiencias. Ha guardado las distancias con el mundo comercial del Karate y ha rehuido la publicidad siempre que ésta le ha invadido.

Las entrevistas de Obata con BLACK BELT constituyen, por tanto, sus primeras declaraciones públicas formales desde que empezó su larga carrera. “Me doy cuenta de que ahora mi vida ya no puede durar mucho más“, dice con total naturalidad. “La he pasado aprendiendo sobre el Karate y su filosofía. Ahora quiero explicar lo que he aprendido, para establecer algunos recuerdos para marcar mi desaparición.”

Su humor, sin embargo, oculta su estatura. Sensei Obata no es un hombre viejo. Con 68 años es todavía de mediana edad según los estándares orientales. En buena salud, cuenta con un cuerpo fuerte y ágil. Su sabiduría es profunda y no la ha conseguido con facilidad.

Obata nació en 1904, más o menos en la época en la que su futuro profesor, Funakoshi, estaba alcanzando su mejor momento como karateka en Okinawa. Primer hijo de un acaudalado comerciante textil, Obata perdió dos hermanos en la infancia pero creció con un hermano y hermana pequeños. Su padre, Kyuichi Obata, poseía varios molinos de seda japonesa en el área de Tokyo. Kyuichi Obata era un hombre ocupado, viajando permanentemente de un molino a otro. Estaba completamente absorto en su trabajo.

En intervalos irregulares, el viejo Obata mudaba a toda su familia a otro pueblo o prefectura para salvar un molino que decaía o para supervisar la construcción de uno nuevo. Como resultado, a menudo se apelaba a Isao Obata para estar al frente de la familia. Pronto en la vida aprendió a funcionar de manera independiente.

Aunque Obata estudió duro de niño, le resultó difícil ponerle empeño a la rigurosa ciencia del oficio de su exitoso padre. En lugar de eso, pasó sus años de formación estudiando cursos en general y cultivando un ardiente interés en las artes marciales. Su hermano Satoru continuó la tradición familiar aprendiendo y entrando en el negocio de su padre.

Coherente código de vida

En la época en la que los estudiantes japoneses asistían a la misma escuela marrón de madera durante toda su educación, Obata pasó por tres escuelas elementales y un instituto antes de entrar en la Universidad de Keio en Tokyo a la edad de 18 años. Obata compara su primera educación con el estudio de Karate de Funakoshi. “Fui como mi sensei al aprender lo mejor de muchos profesores, y a través de mi experiencia posterior afortunadamente pude organizar este conocimiento en un coherente código de vida.”

Lo que aprendió de su padre sirvió como base sobre la que construir este código. “Mi padre me enseñó honestidad. Pero, más importante, me enseñó dedicación completa a un trabajo hasta que esté terminado. Era un hombre muy entregado que no abandonaba ante la adversidad.” De hecho, su padre sirvió como vivo ejemplo de su propia filosofía y, probablemente como resultado, murió de un ataque al corazón en 1927 a la temprana edad de 53. Antes de que muriese, no obstante, Kyuichi Obata tuvo el placer de ver a su primer hijo entrar en la Universidad de Keio, una de las más duras y respetadas universidades de Japón.

El padre de Obata también fue testigo del primer abrazo caprichoso al Karate de su hijo, el cual llegó durante los años de universidad del joven. Obata supo por primera vez del gran profesor Funakoshi cuando un amigo le dio una copia del primer libro del maestro, Okinawa Kenpo Karate. Ferviente lector cuando se trataba de cualquier cosa sobre deportes, Obata devoró el libro y se quedó con ganas de más. En ese preciso instante, tan sólo un año después de que Funakoshi hubiera realizado su importante viaje a Japón desde Okinawa, Obata se convirtió en uno de sus seguidores.

Funakoshi llegó a Japón con planes de quedarse sólo un año mientras demostraba su arte en Tokyo. En lugar de eso, aceptó un puesto como sensei de Karate en Keio, donde organizó su primer club en 1923, y el joven Obata estaba entre los primeros esperando en la fila.

Pero los futuros alumnos iban a quedar decepcionados por un trágico e imprevisto incidente. El gran terremoto Kanto de 1923 sacudió Tokyo y Yokohama, lloviendo muerte y destrucción en el temblor más violento que jamás hubiera golpeado Japón. Murieron más de 10000 y la ciudad fue destruida casi por completo. Cayeron numerosos edificios en Keio, incluyendo el nuevo dojo de Karate que había sido construido el año anterior. Como resultado, el club fue disuelto y Obata tuvo que esperar.

Afortunadamente su entrenamiento de Karate no se pospuso durante mucho tiempo. Siendo gente con capacidad de recuperación y muy acostumbrados a los terremotos, los japoneses reconstruyeron gran parte de Tokyo. Obata y los demás alumnos reconstruyeron su dojo en un año y una vez más estaban inclinándose ante el venerable Funakoshi y sorbiendo el conmemorativo sake.

El padre de Obata aplaudió el compromiso de su hijo hacia el arte tradicional, ya que la herencia Obata incluía ancestros de rangos samurai. Nobusada Kazusanosuke Obata, gobernador de lo que es ahora la prefectura de Gumma, fue un famoso soldado de confianza para el shogun Shingen Takeda durante el periodo Kamakura (1200-1333). Demasiado hostigado por su trabajo para estudiar las artes marciales, Obata padre se sintió complacido cuando su hijo empezó en el Karate. “Entendió y apreció la profunda filosofía que vino con mi estudio, animándome en cada paso de mi agotador entrenamiento“, recuerda Obata.

Karate… Una religión

La madre de Obata, anteriormente Toyoko Ishiguro, era una mujer muy religiosa, habiendo sido convertida a la iglesia Metodista en su juventud. Vivía su religión intensamente, predicando a su familia y amigos sobre cada precepto de su fe. Por sus creencias antiviolencia, se mantuvo aparentemente indiferente con respecto al nuevo interés de su hijo, pero nunca se interpuso en el camino de su entrenamiento. “Creo que hasta su muerte en 1968 en el fondo estaba feliz por mi decisión de dedicar mi vida al Karate, pero no podía expresarlo por la aparente contradicción con sus propias creencias.”

Su madre, no obstante, le enseñó una lección que no habría podido prever. “Ella quería que me hiciera Cristiano como ella. Pero, de sus sermones, llegué a la conclusión de que hay muchas religiones en el mundo, y ninguna es la mejor para todo el mundo. Decidí que tendría que encontrar mi propia religión. Quizá por su influencia observé más profundamente las enseñanzas de Funakoshi en busca de algún significado para la vida. Encontré ese significado a medida que empecé a entender su filosofía. Por lo tanto, el Karate se convirtió para mí en una religión.”

Obata se unió al Club de Keio a la edad de 19 años. “Era muy tarde para empezar el estudio del Karate, pero había llegado a estar tan fascinado por las ideas inherentes en los escritos de Funakoshi que me vi en la obligación de estudiarlas… a cualquier edad.” Entonces se concentró en la práctica de kata y el estudio de la filosofía.

En dos años había perfeccionado su cuerpo y mente a un alto grado de precisión aunque no se reconocía ningún grado oficial. En aquella época, no había grados en el Karate japonés.

En 19261 Funakoshi, con el deseo de recompensar el buen desarrollo de algunos de sus alumnos más dedicados, inició la designación de cinturón negro. La práctica comenzó con bastante inocencia. Funakoshi todavía llevaba el cinturón negro obtenido durante su práctica de judo en Okinawa2. En una ocasión en la que sus mejores alumnos visitaron su casa para tomar el té, Funakoshi sacó de un armario algunos trozos de cinturón negro. Entregó estos cinturones a Obata y los demás3. Desde entonces, la institución ha evolucionado a un sistema oficial.

Fue en esa década cuando Funakoshi concentró su mayor influencia sobre el sensible alumno, Obata. El gran profesor creía en la entrega total al Karate y enseñó a su alumno siempre considerarse a uno mismo durante el entrenamiento como en una lucha a vida o muerte. Es comprensible por qué el gran maestro no enseñó kumite ni aprobaba los combates de competición. “Mi sensei creía que la práctica de Karate era tan peligrosa que únicamente aquellos con mentes desarrolladas tan intensamente como sus cuerpos podrían controlar su propia potencia física.” Obata ha apoyado la postura de Funakoshi a lo largo de su carrera y mantiene que el Karate debería permanecer, por lo tanto, como un deporte no profesional.

Funakoshi prefería enseñar sólo en las universidades donde los alumnos habían demostrado su interés en el desarrollo intelectual. Empezando con el Club de Keio en 1923, el maestro, asistido en cada caso por su alumno Obata, continuó en años posteriores estableciendo clubes en la Universidad de Takushoku (Takudai), Waseda y Hitotsubashi (conocida entonces como Universidad Shoka). Durante y siguiendo su graduación de la facultad de económicas de Keio, Obata continuó su asistencia y entrenamiento con Funakoshi.

Obata Isao - Funakoshi Gichin

Obata de joven aparece aquí (izquierda) en una sesión de combate con Funakoshi a principios de su estudio de 35 años con el padre del Karate moderno. Funakoshi tenía entonces más de cincuenta años.

En ese momento, recibió instrucción en el verdadero carácter filosófico del Karate. “El Karate es un arte. Debe ser considerado como tal con todo su pensamiento filosófico y desarrollo de la mente en armonía con el cuerpo.” Si no se piensa de esta manera, insiste Obata, “no tiene valor. Es como comer sólo la amarga piel de la manzana mientras se deja la dulce sustancia interior sin probar. Es esta premisa crucial la que se está pasando por alto hoy, y si no cambia la corriente, debo predecir la desaparición del arte.

Fue en esa coyuntura cuando Obata, un joven madurando, llegó a estar dedicado a la conservación del Karate. “El Karate era entonces un deporte nuevo en Japón y estaba bajo la mirada crítica de los japoneses”, recuerda Obata. “Estábamos preocupados por su imagen. Teníamos miedo de que las herramientas del arte, si eran blandidas por las manos equivocadas, podrían matar el futuro del Karate con una muerte o serio accidente. Ahora es la imagen del Karate en el mundo la que está en juego. El peligro no está en la violencia física sino en la tendencia hacia el comercialismo. Parece que el beneficio personal tiene un gran poder para despojar a todo de su valor interno.”

Expandiendo el imperio japonés

En 1932, Obata fue a Manchuria, que había pasado a formar parte recientemente del imperio japonés en expansión. Su viaje, planeado originalmente para sólo un año, se extendió durante una década y media, durante la cual el joven sirvió como consejero económico a la Corporación de Aviación de Manchuria, programando rutas aéreas y actividades operativas.

Dio lecciones de Karate privadas a amigos y a unos pocos alumnos, pero su verdadera actividad fue en arquería japonesa (kyudo). Obata había empezado a practicar esta antigua forma de budo en la universidad junto con el kendo y el judo y había llegado a ser bastante competente hacia mediados de los años 1930s. En 1940 regresó a Tokyo para representar al Territorio de Manchuria en el Torneo Nacional de Kyudo de Japón celebrado en el Santuario Meiji Jingo. Ganó el trofeo del campeonato y como resultado se hizo más famoso por su pericia en kyudo que en Karate.

Obata Isao - Kyudo

Arquero serio y experto, Obata posa en yoroi (armadura) completo antes de la competición en el Torneo Nacional de Arquería en el Santuario Meiji en 1940. Con 37 años entonces, utilizó el arco más grande del torneo para llevarse el campeonato de vuelta a Manchuria, donde estaba viviendo en aquella época.

El entrenamiento de Obata en kyudo demostró ser valioso para perfeccionar su técnica de Karate. “La técnica aplicada en las dos formas de budo es la misma. En ambas, para máxima ejecución, la mente debe ser acondicionada junto con el cuerpo. Aumentó mi concentración, y el control muscular y la respiración fueron también perfeccionados a través de la práctica de la arquería. Aprendí que en cada caso uno debe relajar el cuerpo completamente, respirando desde el diafragma en la parte más estable del cuerpo, para eliminar energía desperdiciada y movimiento involuntario.” Estas son las mismas lecciones que ahora transmite a sus alumnos en los dojos de las universidades de Keio y Meiji.

Sin embargo el campeón de kyudo tuvo poca oportunidad de olvidar su budo favorito. El sentimiento antijaponés era intenso entre los de Manchuria, y Obata fue a menudo enfrentado a la necesidad de provocar sus poderes defensivos. La Sra. Miyako Obata, quien se convirtió en su esposa tras una breve presentación por la madre de Obata y una boda en Tokyo, recuerda un incidente particularmente espantoso, y para ella sorprendente, que ocurrió poco después de su retorno a “Manchuko” en 1935.

Mi marido intentó calmar una acalorada discusión entre algunos ancianos japoneses y un grupo de residentes chinos“, recuerda. Uno de los antagonistas lanzó un golpe de puño por sorpresa a la mandíbula de Obata. Obata desvió el golpe con tanta fuerza que el hombre desapareció al otro lado de un automóvil aparcado a su lado. “Yo estaba aterrada por el tremendo poder controlado por mi nuevo marido, quien ni siquiera había golpeado al agresor“, dice ella.

En los primeros meses de la Segunda Guerra Mundial, Obata alcanzó el grado de godan (5º grado), más alto en su arte. Entonces medía 5 pies y 8 pulgadas (N.T.: ~1’73m) y pesaba alrededor de 143 libras (N.T.: ~64.87Kg), pero la consecución del godan fue registrada únicamente a juicio de sus experimentados seguidores, ya que hasta hoy Obata no ha participado en ninguna forma de competición estructurada excepto kumite. Y, desde entonces, Obata no ha tenido la oportunidad o el interés por revaluar su pericia. “Soy un estudiante de Karate. En mi enseñanza, sólo instruyo a otros que estudian cosas que yo he aprendido. Creo que el Karate es un proceso de eterno aprendizaje y encuentro que cuanto más aprendo del arte, más ignorante soy de su inmenso potencial.” Por lo tanto, él no se considera a sí mismo un maestro.

Sus últimos pocos meses en el tranquilo campo de Manchuria se estropearon cuando llegaron noticias desde la oficina de guerra de la muerte de su hermano durante la sangrienta batalla de Iwo Jima. Saturo había sido un joven prometedor destinado a convertirse en jefe de la compañía de su padre. Era ya un consumado judoka y segundo grado en Karate cuando fue reclutado en el Ejército Imperial Japonés como capitán. Su muerte afectó profundamente a Obata. Había estado muy unido a su hermano. En ese momento fue imperativo regresar a Japón para hacerse cargo de su madre y hermana que habían quedado solas.

En 1945, con 42 años, Obata regresó a Tokyo para presenciar la devastación que había traído la guerra. Pero, tras encontrar un empleo con la compañía Hirano Seiko Co., una compañía internacional de comercio, tuvo que esperar unos tres años antes de poder reanudar su entrenamiento con Funakoshi en Keio. Las autoridades de ocupación suspendieron toda la práctica de artes marciales hasta 1948. Desde entonces los dos viejos amigos trabajaron juntos en estrecha colaboración durante unos nueve años, hasta la muerte de Funakoshi en 1957, cuando Obata se hizo cargo de su enseñanza.

Aquellos fueron años atareados, desde 1948 hasta 1957, ya que el maestro y su protegido se volcaron en la tarea de establecer el Karate como un arte fuerte y respetado en Japón. Juntos formaron la Asociación Japonesa de Karate, para abandonarla tan solo unos pocos años más tarde cuando esa organización llegó a ser demasiado comercial. No obstante, la Asociación de Estudiantes de Karate de Japón, en la que ambos trabajaron, demostró ser un grupo fresco y lleno de vitalidad.

A través de su trabajo internacional en Seiko, Obata conoció a Emilio Bruno, entonces jefe del programa de educación física del Strategic Air Command. Bruno, un judoka de mucho talento, llegó a Japón en 1952 para ver los métodos de enseñanza de Obata. Con la recomendación de Bruno el cuartel general del SAC invitó al experimentado sensei a los Estados Unidos un año más tarde para demostrar sus métodos al personal de la Fuerza Aérea y el Ejército.

Obata Isao

Duro visitante. Durante la gira de 1953 de SAC y bases del Ejército en los Estados Unidos, Obata derriba con una patada frontal a un aviador no identificado. La experiencia y técnica superior del sensei son evidentes ya que su pie vuelve a la colchoneta justo en el momento de impacto.

Obata Isao

Embajadores del Karate, Obata y su grupo de campeones de artes marciales de gira en 1953 pasaron dos meses en los Estados Unidos.

En muchos sentidos lo más destacado de su carrera en las artes marciales, el viaje de dos meses le introdujo a un creciente interés por el Karate en el mundo occidental. Saltó de una base a otra en avión militar, de una ciudad a otra, demostrando a veces dos o tres veces en el mismo día. “Hubo tantas paradas en mi viaje que no podía recordar exactamente cuántas hice“, admite.

En cierto modo, estaba volviendo sobre los primeros pasos pioneros de su querido profesor. Del mismo modo en el que Funakoshi había traído primero el Karate a las islas principales desde Okinawa, ahora su devoto alumno Obata estaba introduciendo oficialmente el Karate en los poderosos Estados Unidos. De vuelta en casa continuó enseñando en el Kodokan de Tokyo a soldados estadounidenses del SAC destinados en Japón. “Afortunadamente, los generales estuvieron de acuerdo conmigo en que el Karate era verdaderamente beneficioso para el cuerpo y la mente además de para la salud del soldado”, dice modestamente.

Sello de su dedicación

En 1968 regresó a los Estados Unidos, esta vez no sólo para demostrar su técnica, sino más memorablemente para ser honrado como maestro que regresa. La conferencia anual de la Asociación de Karate del Sur de California le conmemoró como primer capitán del equipo de la Universidad de Keio y uno de los más instrumentales al fomentar el Karate americano. “El corazón se me subió a la garganta cuando vi los grandes grupos de entusiastas que habían florecido en los Estados Unidos desde mi primera visita quince años antes“. La celebración también fue sentimental por razones personales. Sentado con Obata en la mesa principal estaba su antiguo alumno Tsutomu Ohshima, fundador de la Asociación de Karate del Sur de California.

Obata Isao - Ohshima Tsutomu

Posteriormente, con más de sesenta años, Obata regresó a América como invitado de honor en una ceremonia conmemorativa ofrecida por la Southern California Karate Association y su fundador Tsutomu Ohshima (en la foto con su sensei).

Obata ahora está oficialmente retirado del trabajo, pero todavía mantiene un calendario riguroso de clases de Karate, charlas y demostraciones, además de sus obligaciones como miembro directivo de la Asociación de Estudiantes de Karate de Todo Japón. Levantándose a las siete cada mañana, consume un grande pero típico desayuno japonés de arroz, sopa y vegetales. Sus comidas y cenas son bastante similares con la única adición de algo de carne y verduras.

Cuatro tardes de la semana se pasan enseñando Karate en la Universidad Meiji Yakai y Keio. Cuatro noches enseña en clases adicionales hasta bien entrada la noche. En su tiempo libre a menudo se le encuentra cuidando de un pequeño jardín, leyendo (principalmente filosofía y deportes) o haciendo makiwara para sus clases. En ocasiones saca su antigua pipa japonesa de metal y bambú, enciende una mata del enmarañado tabaco doméstico, y escribe fluidas cartas filosóficas a algunos de sus antiguos alumnos. No habiendo tenido hijos propios, casi ha adoptado a muchos de los alumnos que fueron a él en busca de orientación.

Obata Isao

El sensei en casa. Obata vive ahora con su esposa en un pequeño bungalow de estilo japonés a las afueras de Toyko (sic). Muy madrugador, dedica la mayor parte del día al Karate y a su bonito jardín japonés.

Uno de esos alumnos es Yoshitaka Nishiyama, jefe de su propia compañía de comercio internacional en Tokyo, un graduado de la universidad Fletcher College y shodan. Nishiyama, que estudió con Obata desde 1958 hasta 1960, ganó el Campeonato Regional del Este de Japón, el galardón “Mejor Participante de Karate” de la Japan Sports News en 1959 y ocupó el puesto de vicepresidente de la Asociación de Estudiantes de Todo Japón cuando era estudiante.

El Karate que he aprendido con Sensei Obata es, en mi opinión, la forma tradicional del Karate“, afirma. Aunque otros lo llaman Shotokan, ni Obata ni Funakoshi han definido nunca sus métodos como una escuela sino más bien como una base que conduce al Karate de estilo libre. Obata admite que sus métodos son casi puro Funakoshi, aunque él enseña tres pasos básicos para kumite, una innovación propia: (1) Aprende los fundamentos: kata, posición y forma. (2) Practícalos hasta que lleguen a ser instinto. (3) Concentra tu mente ahora descargada en crear un estilo completamente individualista. Esta es la razón por la que sólo enseña fundamentos.

Una fuerte descarga eléctrica

Otro antiguo alumno, Kouji Kuwabara – ganador de los Campeonatos de Todo Japón en 1968 como cinturón negro de segundo nivel y ahora director ejecutivo de la compañía Hotel Taiho Company -, todavía asiste a su profesor durante las vacaciones y fines de semana. Al graduarse de la universidad Kuwabara condujo un coche alrededor del mundo y terminó la maratón de Boston sólo por diversión. Describe a Obata como un sensei exigente. “Parece amable en la práctica, animando a cada alumno“, dice Kuwabara, “pero cuando corrige a un alumno de nivel más alto en kumite, es como ser sacudido por una fuerte descarga eléctrica. Sus palabras son suaves y amables pero portan gran impacto.”

Katsujiko Maruouka, capitán del equipo de Keio en 1965, condujo al equipo a la victoria en el Torneo Regional del Este antes de mudarse a los Estados Unidos para trabajar para la compañía Sun Star Company en Nueva York. Otro alumno es Fusajiro Takagi, de 52 años, quien alcanzó el godan y todavía practica Karate mientras dirige su propio negocio de impresión en Tokyo.

Más impresionante es Kouji Wada, un joven, graduado de Keio de 22 años que fue campeón de la Asociación de Estudiantes de Karate de Todo Japón en 1970 y 1971 y Campeón del Mundo no oficial en 1971.

Algo curioso sobre los alumnos de Obata es que ni uno solo de los casi 800 a los que ha enseñado se está ganando la vida con el Karate. Este hecho, por encima de todos los demás, es el más representativo de su lección de que el Karate es un deporte no profesional para el desarrollo del individuo y no solamente para el propósito de la demostración pública. “Muchas de las chicas en mis clases de Meiji y Keio son capaces de atravesar fácilmente con su pie o mano tres o cuatro tablas de tres centímetros (1’17 pulgadas) cada una. Pero trato de recalcarles que este tipo de demostración debería ser practicada sólo como método de endurecimiento del cuerpo”, dice Obata.

Los alumnos de Obata han ganado honores y campeonatos más allá de sus actividades de equipo. El equipo de Keio, por supuesto, siempre ha sido conocido como el equipo más fuerte de Japón, barriendo torneos y recogiendo trofeos dondequiera que va. ¿Es por sus superiores comienzos con Funakoshi o por el reciente liderazgo de Obata? Muchos alumnos creen que es una combinación de ambos.

Funakoshi trajo a Keio la más amplia experiencia en Karate, enseñando más de 30 katas distintos – más de los que practica cualquier otro club. Sensei Obata, por su parte, ha sistematizado las enseñanzas de Funakoshi en un conjunto de lecciones bien organizadas. Él, con la ayuda de otro alumno de Funakoshi, ideó uno de los kumite de tres pasos más complicados que se practican.

El mismo Obata admite que, hasta donde llega su conocimiento, el suyo es el único sistema de este tipo. Enseña que cada golpe o bloqueo debe ser acompañado simultáneamente por una acción de contrapeso. Cuando demuestra esta teoría a sus alumnos, acentúa el golpe hacia delante de su puño derecho equilibrado por un potente tirón de su codo izquierdo.

Esta es la primera regla“, dice. “La segunda es que cada patada, golpe o agarre debe utilizar una acción retorciendo, permitiendo la completa utilización de cada articulación del brazo o la pierna.” La regla general aquí, dice, es flexibilidad completa de todas las articulaciones. “Para poder transmitir la mayor cantidad de potencia al punto de golpeo, uno debe utilizar cada articulación a lo largo del camino desde el cerebro hasta los nudillos. De este modo la fuerza de todo el cuerpo es guiada a través del brazo para explotar en el puño. Como en arquería, para eliminar energía desperdiciada uno debe relajar el cuerpo entero y concentrar la energía en el punto de golpeo de cada golpe o bloqueo. Debe ser una acción limpia.

Obata Isao

Hasta bien entrada la noche, Obata trabaja con sus alumnos desinteresadamente y con entusiasmo. Se le describe como un profesor gentil pero efectivo que se exige a sí mismo tanto como exige a sus muchos seguidores.

Cuerpos y espíritus

Con sus alumnos reunidos a su alrededor, advierte, “Utiliza tu cuerpo como un arma. Afílalo, endurécelo, hazlo preciso. ¡Para hacerlo debes practicar los katas constantemente hasta que tu cuerpo llegue a ser como el hierro!” Por la severa expresión que muestra su de otra manera dulce cara, es aparentemente importante para Obata que cada alumno le entienda completamente. “Si mis alumnos deben competir en combates, me sentiría extremadamente triste si sus cuerpos y espíritus no estuvieran adecuadamente preparados. Cuando les hablo sobre el desarrollo a través del Karate del cuerpo además de la mente, lo que quiero decir es que los dos deben trabajar en armonía. Deben ser coordinados para proporcionar máxima potencia al golpe. El cuerpo en sí mismo no es lo suficientemente fuerte y la mente sola no puede ocasionar ningún daño. La mente es la pistola y el cuerpo la bala.”

Tengo intención de escribir un libro. En él, intentaré contar lo que he aprendido y lo que temo para el Karate en el futuro. Debe ser contado.”

Richard L. Blair

Fuente:

Karate is Dying

Black Belt (Oct. 1972)

Traducción al español: Víctor López Bondía

Black Belt - Octubre 1972

Black Belt

(Octubre 1972)

Notas de Víctor López Bondía:

1. Los primeros cinturones negros entregados por Funakoshi fueron concedidos a siete alumnos, no en 1926 sino el 12 de abril de 1924.

2. Esta es la primera y única referencia que he encontrado apuntando a una posible experiencia de Funakoshi en Judo. Si Funakoshi hubiera practicado Judo en Okinawa e incluso obtenido el grado de cinturón negro en esta disciplina, dudo que se le hubiera olvidado mencionar este hecho en sus escritos, sobre todo habiendo demostrado Karate ante KANO Jigoro en el Kodokan en 1922. Por tanto, no lo considero un dato fiable, y por el contrario sí improbable y seguramente erróneo.

3. Obata Isao no se encontraba entre aquellos alumnos que recibieron los primeros grados en 1924.

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