Entrevista a Lorenzo Parra (Madrid, 2001)

A ti, querido lector, te puedo trasmitir sus palabras, pero me es imposible transmitir su sentimiento, su espíritu marcial. Todavía no ha llegado a la categoría de maestro, pero se encuentra en el camino…

¿Cuál es tu experiencia marcial?
Tengo 46 años y empecé a practicar Kárate en el año 73. En aquella época apenas se conocía. De hecho, para poder practicarlo te exigían un Certificado de Penales, pues no se consideraba el Kárate como un deporte, sino como un arma blanca, por lo que tenían que verificar que no tuvieras un pasado delictivo. Empecé practicando Kárate Shito-Ryu, y después me pasé al Shotokan, estilo en el que saqué el cinturón negro primer Dan y en el que he centrado mi práctica. Pero también he entrenado Wado-Ryu con el maestro Igarashi, Kobudo con Choyu Hentona. También he practicado Iai-do (arte de la espada), Zen con monjes madrileños, Yoga y Tai-Chi. Actualmente soy sexto Dan por la Federación Española de Karate y tercero por la JKA.
En lo que respecta al Kárate, estoy bajo la tutela del maestro Taiji Kase, que suele venir aquí en verano, aunque últimamente tiene la salud algo delicada. Enseño Kárate Shotokan, y trabajo para la F.E.K. cuando se me requiere; he sido director técnico y el primer seleccionador del equipo femenino de la Federación Madrileña de Kárate.

¿En qué se parecen, en tu opinión, el Kárate Shotokan que practicaba el fundador Gichin Funakoshi y el que se aprende ahora?
No se parecen en casi nada. Para empezar, porque el maestro Funakoshi era un maestro espiritual, y eso la gente hoy en día no lo entiende. Pero incluso a nivel técnico, el Kárate Shotokan actual, es el que transmitió su hijo Yoshitaka. El Shotokan del fundador era muy diferente, más próximo a lo practicado en Okinawa: posturas altas, no forzadas. Lo bueno que hizo Funakoshi es que simplificó el Kárate al máximo. Lo que él creó fue un método natural, fácil de aprender.
En la actualidad se repiten las cosas sin pensarlas, lo que significa que si hay algún error éste se va a transmitir y repetir tal cual. Por ejemplo, no todo el mundo en el Shotokan sabe que los Bunkais (aplicaciones técnicas de los katas con un compañero) siempre se deben cediendo, yendo hacia atrás. Es cuestión de lógica, puesto que la primera técnica siempre es defensiva; nadie se defiende, por una patada frontal avanzando hacia delante. Lo razonable es empezar los Bunkais hacia atrás, pero las federaciones no siempre aceptan lo razonable. Hoy en día hay muchos pseudo-maestros de Shotokan, con sus titulaciones oficiales, por supuesto, que en realidad desconocen muchas cosas de este estilo. ¿Por qué? Simplemente porque es gente que una vez que consigue el primer Dan se cree que lo sabe todo y que ya no necesita aprender. Yo llevo toda mi vida buscando maestros, aprendiendo de ellos, de mis compañeros y de mis alumnos. Y aprendiendo también de maestros de otros estilos y artes. Es una renovación constante, cobrando siempre conciencia de lo mucho que me queda por aprender. No digo que mi Kárate sea mejor que el de otros, simplemente intento buscar mi camino. Eso es importante: no pararse.

¿Qué ha supuesto para ti la experiencia de conocer al maestro Kase?
Pues después de llevar tantos años buscando, mi encuentro con el maestro Kase ha sido algo extraordinario. Lo que muchas veces digo es que me ‘enamoré’. Fíjate yo no hablo ni japonés ni inglés ni él habla español; sin embargo tenemos un entendimiento perfecto. Es lo que se llama Shin-De-Shin, es decir, “hablar de corazón a corazón”. Las palabras son confusas, manipulables, el Shin-De-Shin es comprender perfectamente, más allá de las palabras, qué siente el otro, qué quiere decirnos. El maestro Kase fue el primero en hablarme del ki, de la energía interna, con seriedad. Me animó a buscarla haciéndome entender que lo importante no es la cantidad de entrenamiento, sino la calidad del mismo.

¿Qué es el Ki? ¿Qué significa para ti?
Para mí el Ki es cuando intuyo lo que la otra persona me quiere hacer. Es cuando alguien me pone la mano encima y no me gusta, No sé cómo explicarlo con palabras, es como una intuición que desarrollas. El Ki va antes que el pensamiento, y el pensamiento antes que la acción. Si logras ser sensible al Ki, antes de que el adversario piense lo que va a hacer, tú ya lo sabes. Cuando vaya a hacerlo, ya te habrás movido. Yo creo en esto. No es que lo controle, pero lo intento mediante la meditación. Meditar es reducir los pensamientos, porque lo que nos hace sufrir es desear demasiado. Si esta entrevista me va a hacer llegar tarde a algún sitio, tengo dos opciones: no dejar de pensar en ello, por lo que voy a estar incómodo y te transmitiré a ti esa molestia, o bien dejar de pensar en ello y concentrarme en lo que estoy haciendo en este momento: una entrevista. A partir de ahí se supone que empiezas a conectar con tu interioridad, y a saber con certeza qué es lo que debes de hacer en cada momento.

¿Qué significa para ti un Kata?
Un Kata, exteriormente es un encadenamiento de técnicas. Dicho así no es nada. Para mí es como una llave, que te abre a nuevos conocimientos. La primera vez que lo ejecutas no te dice nada, pero a medida que lo vas practican descubres nuevas cosas. A nivel psíquico, el Kata es meditación en movimiento, porque dejas de pensar en el mundo exterior y te concentras en tus movimientos, en la respiración. Se trata, pues, tanto de una vía de relajación como de aprendizaje. No estoy en contra del combate, pues yo mismo he estado compitiendo hasta los 33 años, en torneos nacionales, internacionales e incluso he peleado al K.O. contra karatekas norteamericanos. Pero esa época pasó, ahora me interesa más el trabajo interno, energético y lo que pueda aprender de un excepcional maestro como Kase. A un chaval de 16 no le puedes hablar de meditación, es normal; así que se inicia en el conocimiento por la acción, por el desarrollo físico. Lo importante es comprender más adelante que cuerpo y espíritu van unidos; entonces, cuando la edad ya no te permite realizar proezas físicas, hay que dirigir el interés a cultivar la parte espiritual.
El problema es que el modelo de Shotokan que aún sigue practicando mucha gente es el desarrollado por los maestros durante la II Guerra Mundial. Sabían que la mayoría iban a morir en combate, así que entrenaban el físico al límite, les daba igual. Hoy en día es diferente; el Kárate ha de ser fuente de salud, no de lesiones, para vivir más y mejor, y así poder aprender todo lo posible.
Los Katas han de realizarse con sentimiento, no basta la habilidad técnica. Tengo una amiga que hace flamenco, que tiene mucho en común conmigo, y que suele decir: “Perfeccionar técnica, y prostituir el arte”. Conozco campeones del mundo de Katas dotados de una técnica excepcional, pero que sin embargo me dejan bastante frío, porque les falta sentimiento. El arte ha de expresar cosas, tu visión de la vida, no se puede limitar a imitar, por muy bien que lo hagas.

Tal y como se enseña Kárate hoy en día, ¿tú crees que van a salir grandes maestros?
Ya no hay maestros. En España se llama maestro a cualquiera; lo que hay sobre todo son profesores e instructores. Maestro es aquel con el que te sientas a hablar y te llega directamente al corazón. No se puede definir, pero en cuanto estás con uno lo reconoces.

¿Qué piensas de la evolución que ha tomado el Kárate actual?
Al principio no se vivía profesionalmente del Kárate como hoy en día. Lo que más hay hoy en un gimnasio no son alumnos, sino clientes. Como tal has de tratarlos, porque si no te quedas sin negocio. Se hace además ahora un “Kárate intelectual”, es decir, hay que razonar y explicarlo todo, con lo que se pierde sentimiento. Por otro lado, se ha metido en una dinámica muy deportiva. No me parece en sí mal, pues es la mejor manera de que llegue a las grandes masas.
Pero mi línea es diferente; yo quiero educar en artes marciales. Si no sigues la tradición, no sigues el arte. El mayor reproche que le puedo hacer a la competición actual es que está empobreciendo el Kárate, lo está reduciendo a cuatro técnicas, sobre todo debido al inmenso poder (y también a menudo a la inmensa ignorancia) de muchos árbitros actuales. Por otro lado, el control y el poder de las federaciones es a menudo asfixiante.
Antes se entrenaba de otra manera; los de mi generación poníamos mucha pasión, nos creíamos las cosas. Ahora la gente no cree en lo que hace. Les dices, por ejemplo, que la respiración controla la mente, y te miran como si les vinieras con un cuento. Si no tienes pasión, si no te lo crees, puedes ser muy buen técnico, pero no transmites. Hay quien se lamenta diciendo: es que la juventud ha cambiado. No, lo que pasa es que muchos profesores no son ya capaces de mantener y transmitir esa ilusión; aunque seas sexto Dan hay que seguir con la ilusión de un cinturón blanco, de querer saberlo todo y de dar tu vida en cada clase. En mi opinión, la evolución del Shotokan en España ha sido totalmente negativa.

¿Y qué pasará el día que desaparezcan Kase y los grandes maestros?
El día que desaparezca Kase yo me encerraré en mi gimnasio, porque ya hay gente que está reclamando su herencia, proclamándose su alumno predilecto y sucesor. Kase tiene un alumno predilecto en cada ciudad europea que visita, así que dejémonos de farsas. El día que falten los grandes maestros, nos quedaremos los pequeños maestros, intentado hacer lo que podamos con nuestros alumnos.

Pedro Conde
Revista DOJO Nº 274 AÑO XXIV

Fuente
Gimnasio Lorenzo Parra
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